La araña mental - Cap 4
Bendito el día en que descubrí que mi bienestar era mi responsabilidad. No podía culpar a nadie más. Pero, ¿cómo escapar del enredo cuando uno está atrapado justo ahí, en su propia mente?
Como seres humanos, no dejamos de hablar: con otros, con nosotros mismos. En esos diálogos —o monólogos— repetimos discursos que justifican nuestra forma de ser, de actuar, de pensar. La trampa es que cada discurso se apoya en otro, y ese en otro más, hasta formar una maraña infinita. Esa es la recursividad del lenguaje: la telaraña mental que nos atrapa.
Solo empecé a volverme un poco más sabio cuando decidí poner luz sobre cada uno de esos discursos limitantes. La pregunta clave es simple, pero poderosa: ¿Este pensamiento me facilita las cosas o me las complica?
Es un trabajo arduo y de honestidad con uno mismo; todavía sigo en él. Pero ya recorrí un buen tramo, y sé que cada logro es un recurso permanente, algo que siempre estará disponible para mí. Ese aprendizaje me permite vivir más en paz conmigo mismo y con los demás, aquí y ahora.
Cuando logro soltar un discurso limitante, descubro que la libertad empieza en mi mente.

Comentarios
Publicar un comentario