Entre Cronos y Kairos: la ansiedad y el tiempo - Cap. 8
Hoy me levanté con más ansiedad de lo normal. Pero esta vez decidí algo distinto: no voy a permitir que esa ansiedad dirija mi día.
La ansiedad es un patrón que insiste en volver. Se instala en el pecho, oprime, dificulta la respiración. No me detiene, pero sí me roba energía. Y lo curioso es que no siempre aparece por cosas negativas: también surge cuando me entusiasman proyectos que quiero llevar adelante. Claro, los síntomas cambian: no es lo mismo la ansiedad que pesa que la que empuja.
Gracias al trabajo de introspección, puedo reconocer que la ansiedad de hoy nace de pensamientos involuntarios: esa voz que dice que debería estar haciendo más, que debería estar en otro lugar. Ya les conté en otras notas sobre mi relación con la productividad.
La llave para salir de esa trampa es recordar. Recordar que el tiempo no es uno solo. Cronos, el dios griego, lo mide en minutos exactos: 60 segundos para todos, sin excepción. Kairos, en cambio, lo mide en calidad: el valor del tiempo que dedicamos a cada cosa.
Mi vida no sigue una rutina fija. Hay etapas de ocupación intensa y otras de tiempo libre prolongado. Y cuando esa libertad se extiende demasiado, mis condicionamientos despiertan la ansiedad. Pero al traer a la memoria la diferencia entre Cronos y Kairos, me relajo. Confío en el proceso, confío en mí.
Acompaño estos pensamientos con armonizaciones energéticas que me hago a mí mismo: respiro profundo y visualizo una luz dorada o blanca que brota desde el centro de mi pecho, envolviéndome en una esfera luminosa que me limpia y protege, tanto de mis propias energías densas como de las externas.
La comprensión me libera. La armonización despeja el camino. Y con mi voluntad, decido avanzar.
Quizás la verdadera libertad no esté en controlar el tiempo, sino en aprender a habitarlo.

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