Cuando cumplir las metas no alcanza - Cap 9.

Durante mucho tiempo hubo algo que no me cerraba. Un ruido de fondo, persistente, incómodo. Tenía deseos, proyectos, metas… pero cada vez que me acercaba a algo que supuestamente quería, aparecía una sensación difícil de explicar: desmotivación, vacío, angustia; dolía y asfixiaba.

Lo más desconcertante era que no sucedía solo después de lograrlo. Con el tiempo empecé a notar algo más profundo: esa angustia aparecía incluso antes. Me frenaba. Me llevaba a abandonar cosas a mitad de camino, a perder el entusiasmo, a preguntarme —otra vez— para qué estaba haciendo todo eso.

Y duele. Porque uno quiere avanzar, crecer, construir algo… pero se encuentra con ese vacío que parece arrasar con todo sentido.

Hasta que algo cambió.

Empecé a ver mis deseos desde otro lugar. A aceptar —de verdad aceptar— que incluso cuando alcance eso que quiero, el vacío va a seguir ahí. No como un error, ni como una falla personal… sino como parte de la experiencia humana.

Y lejos de ser una condena, eso fue liberador., porque entonces entendí que el objetivo no es “llenar” ese vacío. No hay logro, persona ni meta que lo haga desaparecer, pero sí podemos aprender a convivir con él, a disfrutar el camino, el logro, el deseo cumplido… aun sabiendo que no nos va a completar del todo.

Eso no le quita valor a nada. Al contrario: se lo devuelve, porque ahí aparece algo más importante que el deseo en sí: el sentido.

El sentido de lo que hacemos, de por qué nos levantamos cada día, incluso sabiendo que todo tiene un final. El sentido no es universal, no viene dado, no es una fórmula. Es algo íntimo, personal, único como cada uno de nosotros.

Y aun así, existe.

Está en los pequeños gestos. En compartir con quienes queremos. En mejorar, aunque sea un poco. En dejar una huella —grande o mínima— en otros. En inspirar, en acompañar, en construir algo que, aunque no sea eterno, vale la pena mientras existe.

Hay infinitas razones para seguir.

Por eso, si sentís que te cuesta encontrarle sentido a la vida, quizás no sea falta de sentido… sino una forma no conveniente de estar enfrentando esa angustia inevitable.

No hay que eliminarla. Hay que atravesarla.

Tomar fuerza. Avanzar igual. Apostar a tus proyectos, incluso los más simples. Porque sí, hacen la diferencia. Una sonrisa, un gesto, una ayuda… a veces eso es todo, y a la vez es muchísimo.

Recordá esto: el vacío y la angustia van a estar. Se sienten. Pesan.

Pero no te impiden vivir.

No te impiden avanzar.

Y, sobre todo, no te impiden ser feliz… incluso sin estar completamente lleno.

Si el vacío es parte del camino… entonces, ¿qué sentido elegís darle a lo que hacés?


Comentarios

  1. Muy claro y real. Aceptación de nuestra vida, con lo ella trae y a lo que ella invita, más allá de sentires y resultados. Fácil no es pero el intentar es ya un montón. Gracias por estas reflexiones que ayudan al camino.

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